3/2/13

EL BAILE DE LOS PAJARITOS ERA UNA FRANQUICIA

“Der Ententanz”, “El baile de los patos”, versión libre de “Der Vogeltanz”, compuesta en 1957 por el suizo Werner Thomas, el origen de todo el mal. Ya lo avisó Guillem Martínez hace varios años en El País: el Baile de los Pajaritos era una franquicia. El baile arrasó España como un tsunami de horterada en el verano de 1981 y subsiguientes. Lo que no pudimos y no supimos ver, cautivos como estábamos de nuestro chauvinismo, es que María Jesús no era una Mozart de la canción ligera sino simplemente una empleada de una gigantesca cadena, el fast-food del baile veraniego.
 Sin embargo, cabe preguntarse -y lo hacemos- ¿qué fue antes, el huevo o los pajaritos? Es decir, ¿aquella primigenia gripe aviar brotó espontáneamente en nuestro país gracias al indudable ritmo vacilón de Los Pajaritos o acaso encontró aquí un caldo de cultivo propicio porque las recuas de turistas del norte ya traían aprendido el baile?
 El primer brote de la pandemia surge en 1957 en un restaurante de la localidad de Davos (localidad alpina en la que se reúnen cada año los mandamases francmasones, para quien quiera atar hilos conspiranoicos), donde Werner Thomas ameniza las fondues de los parroquianos. Han de pasar 16 años con sus 5.840 noches en las que Thomas toca invariablemente su tonadilla, para que Louis van Rijmenants, dueño de la discográfica belga Intervox, vaya a esquiar a Davos, cene en el restaurante y baile hasta la extenuación el Baile de los Patos. Van Rijmenants ve una mina de oro. Forma la banda Cash & Carry, añade sintetizadores al acordeón y lanza en Bélgica el single “Tchip tchip”, con el que consigue que los belgas y sus niños bailen en sus sótanos imitando los movimientos de palmípedos. El disco vende 100.000 ejemplares y convierte en millonario a su compositor, Walter Thomas, que deja la orquestina y el trabajo, y no vuelve a probar un pollo en señal de gratitud. A partir de ahí llega la locura. Un tal Frederik puso a bailar a Finlandia como a un solo hombre con su “Tralalala“, los mismísimos Romina & Albano hicieron lo propio con “Il ballo del qua qua“; René & Nathalie, en Francia con “La dance des canards” y nuestra María Jesús, en 1981, con “El baile de los pajaritos“…así hasta sumar 140 versiones en 42 países y unos 40 millones de discos vendidos. Por cierto, que los patos de Thomas se convirtieron en los pajaritos de María Jesús por culpa de un fallo logístico: la Heilbronn Band introdujo el baile en EEUU durante el Festival de Octubre de Tulsa, Oklahoma, pero a falta de disfraces de pato la TV local vistió a los fornidos teutones con unos trajes de pájaro. Y de aquellos polvos, estos lodos.
 No disponemos de la versión original de Los Pajaritos, pero sí la más exótica: esta grabada por un grupo de escolares del Congo Belga (hoy Zaire), con acompañamiento de tambores rituales y la armónica de lo que parece un misionero (belga) afectado por el paludismo.

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